La Capilla de San Ciriaco (Capella de Sant Ciriac) se encuentra en el corazón de Dalt Vila , el recinto histórico amurallado de Ibiza, al inicio de la estrecha calle de Sant Ciriac que asciende hacia la Catedral. Es uno de los pequeños templos con mayor carga histórica y simbólica de la ciudad, ya que recuerda el episodio que marcó el final del dominio musulmán de la isla y el inicio de la etapa cristiana.
La capilla fue construida en 1754 por iniciativa del Ayuntamiento de Ibiza en honor a San Ciriaco , patrono de la ciudad desde 1650. Su festividad, celebrada cada 8 de agosto , coincide con la conmemoración de la conquista catalana de Ibiza en 1235 por las tropas dirigidas por Guillem de Montgrí, un acontecimiento fundamental en la historia de la isla.
Según la tradición, el lugar donde se levanta la capilla señala el punto por el que los conquistadores cristianos lograron penetrar en la fortaleza musulmana. La leyenda relata que un hermano del gobernador musulmán reveló la existencia de un paso oculto que permitió acceder al recinto defensivo y facilitar la conquista de Yabisah, la antigua ciudad islámica. En el interior del templo, bajo el altar, puede verse el inicio de un pequeño túnel o pasadizo simbólico que recuerda este episodio histórico y que constituye el principal elemento de interés del edificio.
Arquitectónicamente, la capilla responde a la sencillez propia de la arquitectura religiosa popular ibicenca. Su reducida fachada, completamente encalada, presenta una puerta de acceso enmarcada por molduras de piedra y rematada por una discreta espadaña con una pequeña campana. El edificio queda parcialmente integrado en la muralla renacentista, de manera que parece formar parte del propio sistema defensivo de Dalt Vila, fundiéndose con la piedra dorada de las fortificaciones.
El interior es muy austero y está concebido como un espacio de recogimiento. La nave única, de pequeñas dimensiones y cubierta con bóveda de cañón, conduce al altar dedicado a San Ciriaco. La escasa decoración, la iluminación tenue y los gruesos muros de mampostería crean una atmósfera íntima que invita al silencio y a la contemplación. |