Fundación Joan Miró (GPS N39.5548825 E2.6084697), se encuentra situada C/ de Saridakis, 29, Ponent, 07015 Palma, Illes Balears, a las afueras de la ciudad de Palma. Horario: 10 a 19,00 horas.
Ocupa tres edificios expositivos. El más moderno está realizado por Moneo. Lleno de líneas rectas con un color de piedra semejante a la catedral.
A la muerte del artista su mujer comprende la necesidad de un nuevo edificio como sede de la obra del pintor. Se depositan una serie de obras para la venta en la casa de subastas Sotheby,s y que ayudaría económicamente a la construcción del edificio de Rafael Moneo en 1992.
En total, el fondo museográfico de la Fundació Miró Mallorca está integrado por obras de Joan Miró y otros artistas, así como por los objetos que pueblan los talleres. En total, el fondo lo componen 118 pinturas sobre tela, 39 pinturas sobre otros formatos, 35 esculturas, 1.031 dibujos, anotaciones y cuadernos, así como 3.749 objetos y 1.925 piezas de obra gráfica inventariadas. La riqueza de la colección se traduce en la variedad de técnicas, materiales y procedimientos que Miró utilizó, y posibilita la reconstrucción de su proceso creativo.
Los numerosos proyectos de pintura, escultura, cerámica, murales, obra gráfica y tapices testimonian la inagotable creatividad de Miró en la última etapa de su vida. El arco cronológico de las obras de la colección alcanza desde 1908 hasta 1981, si bien la mayor parte de las piezas que la forman fueron creadas a partir de los años sesenta. El óleo de Miró más antiguo conservado forma parte de esta colección. En cuanto a las obras tridimensionales, la Fundació Miró Mallorca cuenta con assemblages únicos y bronces de ediciones limitadas, fundamentalmente creados en los sesenta y setenta. Los dibujos más antiguos datan de mediados de años treinta y los más recientes son unos cuadernos de esbozos de 1981.
Una lámina de agua colocada en la entrada del edificio construido en 1992 se agregó el nuevo Edificio Moneo, obra de Rafael Moneo, para abrigar los servicios administrativos y presentar de forma rotativa las obras del legado. hace un sugerente juego de colores, jugando con la línea del horizonte y el mar.
Moneo plantea dos elementos arquitectónicos de hormigón, nítidamente diferenciados, a pesar de que estrechamente enlazados. Por un lado, una construcción lineal de tres plantas y cubierta plana para albergar los servicios, con un solo vacío al norte y con un pórtico al sur abastecido de brise-soleils que tamizan la luz. Por otro, un volumen en forma de estrella, con una cubierta de agua, una especie de trompe-l'oeil que simula acercar el mar y el horizonte al observador, emulando la visión de la que disfrutaba Miró.
La planta estrellada recuerda una ciudadela que se defiende mediante sus baluartes del entorno urbanístico hostil que lo rodea. En cambio, el interior se aleja de esta percepción.
Los muros exteriores de hormigón filtran la luz con un doble tamiz de brise-soleils exteriores, revestidos en el interior de placas translúcidas de alabastro. Cuando el sol baña el edificio este espacio estrellado se vuelve una caja de resonancia de luces reflejadas por el agua que lo circunda. Las ventanas bajas permiten al visitante establecer contacto visual únicamente con los estanques que lo rodean parcialmente y con los jardines.
El exterior de una de las puntas del Espacio estrella está decorado con un mural cerámico, inspirado en una obra de Miró, realizado por la ceramista Maria Antònia Carrió. Los jardines de la Fundació recuperan, en parte, el entorno natural perdido y, además, permiten la fusión entre arte y naturaleza, por la cual siempre había abogado Miró.
La galería pretende acercarse al contenido de la obra de Miró, presentándose como un espacio indefinible y quebrado, capaz de crear una atmósfera especial acorde con el espíritu de la pintura. Atención particular se ha prestado a la iluminación, que procede de los intersticios entre los muros, amplios unas veces, más angostos otras. El visitante domina el espacio desde la cota alta, donde se encuentra al entrar, y va descendiendo a tres niveles diversos, que se relacionan entre sí definiendo un todo.
El recorrido por el museo entre grandes ventanales que proyectan la luz sobre las obras del artista está marcado por los trazos maestros del edificio.
En los jardines, plantado con especies de la isla conviven con las esculturas de Joan Miró complementando los elementos arquitectónicamente del bello entorno.
El segundo edificio es el taller de pintura del artista, tiene unas visitas privilegiadas al mar donde el pintor recibía la fuerza y la luz que llegaba del sol del mediterráneo. El edificio lo encargo Joan Miró a su amigo y arquitecto Lluís Sert un representante del Movimiento Moderno en Arquitectura.
Tras continuos desplazamientos, Joan Miró fija su residencia en Mallorca, a donde había viajado de pequeño y a dónde llega para instalarse definitivamente el año 1956. Es cuando Miró ve hecho realidad su deseo de tener el estudio soñado: el Taller Sert.
El proyecto lo realiza Josep Lluís Sert, arquitecto de reconocido prestigio y amigo de Miró, representante del Movimiento Moderno en Arquitectura y, por aquella época, decano de la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard. Sert llevaba 20 años inhabilitado para ejercer en España. Así, este taller marca un punto de inflexión en su trayectoria.
Sert concibe un edificio que se adapta a los bancales del terreno. Miró lo fue asesorando sobre aspectos prácticos. Así, le sugirió que tuviera presente el clima de Mallorca y las condiciones ambientales del taller. Le pidió una separación nítida entre la zona de trabajo y la de almacén que le permitiera distanciarse de las telas que dejaba en reposo, y le recordó que la superficie de trabajo tenía que tener en cuenta las dimensiones de las pinturas de gran formato, como su mural para Cincinnati. En otoño de 1956 la construcción del taller diseñado por Sert ya había terminado y Miró se mostraba entusiasmado con el resultado final.
Mediante numerosos croquis y planos Sert había proyectado para Miró un taller a escala humana, que unía tradición e innovación. La estructura de hormigón contrasta con los materiales más tradicionales, propios del Mediterráneo, como la piedra o la arcilla. El taller, de planta en forma de L, se organiza en dos niveles cubiertos con techo abovedado. Las ondas de la cubierta introducen un movimiento sinuoso en la estructura regular del edificio. Todas las fachadas reciben un tratamiento muy plástico, incluso cromático; en particular la fachada sur, que yuxtapone el blanco del hormigón al color de la arcilla y al azul, rojo y amarillo de la carpintería.
En definitiva, Sert estrena un nuevo lenguaje que supera la rigidez y las limitaciones del funcionalismo más ortodoxo y apuesta por una arquitectura más plástica y escultórica, en consonancia con su idea que “la arquitectura misma puede convertirse en una pieza de escultura”.
Con el objetivo de crear un espacio creativo propicio, Miró fue poblando su taller con un conjunto heterogéneo de elementos que conviven en perfecta armonía con sus utensilios de trabajo. Todavía en la actualidad el taller muestra este entorno creativo, y las telas, los aceites, las acuarelas, los lápices, los pinceles, los cepillos o las esponjas continúan relacionándose con su colección de objetos de la más variada procedencia: postales, recortes de diario, elementos naturales como piedras, mariposas o conchas, objetos procedentes de la cultura popular mediterránea como “siurells” o figuritas de belén, y otros de culturas lejanas como las “katxinas” de los indios Hopi o las máscaras de Oceanía.
Miró y Sert se habían conocido a principios de los años 30 y desde entonces habían ido tejiendo vínculos personales y profesionales fructíferos y duraderos, consolidados por sus inquietudes comunes. En especial, su voluntad de integrar arte y arquitectura y el interés por la sencillez, para llegar a la esencia de las cosas. La facilidad con la cual conviven las obras de Miró en el Taller Sert hace patente esta relación.
El final de la Guerra Civil y la dictadura de Franco obligaron Sert a exiliarse en los Estados Unidos. Así pues, Sert y Miró se intercambiaron algunas ideas sobre la concepción del proyecto por correspondencia. Durante la construcción del Taller Sert (1954-1956) la relación epistolar es muy intensa y deja testimonio de los planteamientos arquitectónicos conseguidos y del progreso de las obras. Se suple así la imposibilidad por parte del arquitecto de seguir físicamente la evolución de las mismas, control que ejercerá Enric Juncosa, arquitecto y cuñado de Miró.
El fruto es una obra de madurez en la cual Sert combina a la perfección la adecuación del edificio al contexto geográfico, a una tradición y al espíritu de Miró. El edificio aporta un aire renovador a la escena de la arquitectura moderna de su tiempo, mediante un lenguaje propio, fuerte y definido, y se considera el punto de partida de su posterior trayectoria arquitectónica.
El interior del taller es como si se hubiera parado el tiempo. Las obras inacabadas decoran la estancia como debió de dejarlo el pintor.
El tercer edificio es el antiguo caserón de Son Boter. Es la típica casa mallorquina de carácter rural del siglo XVIII y que fue adquirida en 1959. Inicialmente estaba destinado como taller de escultura, pero también lo utilizaba para pintar lienzos de gran formato y su lugar de íntimo refugio.
Miró se apropió del espacio a través de trazos de carboncillo a modo de grafitis en las paredes, de gran singularidad, que configuran un espacio artístico en sí mismo. Son figuras y personajes relacionados con sus esculturas. Tal como había sucedido en el Taller Sert, Miró fue creando un entorno propicio de trabajo mediante postales, dibujos y objetos de diversa procedencia.
Destinado inicialmente a taller de escultura, Son Boter pasa a ser su segundo estudio de pintura y un lugar de refugio. Años más tarde, la casa señorial albergará también unos talleres de grabado y litografía que permitirán a Miró la realización de obra gráfica sin salir de sus estudios. Estos talleres actualmente permanecen abiertos para la creación artística y las ediciones gráficas, y son el principal legado de Miró para que la Fundació de Mallorca sea un centro vivo y dinámico. |