Subir 365 escalones, uno por día del año en El Calvario (GPS N39.877897 E3.014846), se inicia en Carrer de l'Ombra, 6, 07460 Pollença. Durante el camino nos acordamos de lo frágiles que somos cuando nos hacemos mayores. Nuestros pulmones ya no ventilan y nuestros corazones son menos resistentes. Para cuando llegamos a la cima estamos hechos unos zorros.
El Calvario no sólo ofrece unas vistas inmejorables de Pollença, sino que es uno de sus lugares más emblemáticos gracias a la impresionante escalinata que lo forma. Compuesta por 365 escalones, uno por cada día del año, se encuentra flanqueada tanto por cipreses como por 14 cruces de tres metros de altura, que recuerdan el calvario que, según la tradición cristiana, sufrió Jesucristo en su camino al Monte Gólgota donde fue crucificado.
Es precisamente en recuerdo de este evento que, cada Viernes Santo, el Calvario y su escalinata acogen el llamado Descendimiento, uno de los actos más importantes de la Semana Santa mallorquina en el que una talla de Cristo de incalculable valor es desprendida de la cruz y bajada en procesión por la escalinata hasta la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles (patrona de Pollença), en un ritual que se realiza en completo silencio, e iluminado únicamente por la luz de las antorchas que llevan los miembros de las diferentes cofradías.
El oratorio que hoy en día corona el Calvario se construyó a finales del siglo XVIII, si bien el aspecto que presenta actualmente lo adquirió en una profunda restauración a la que fue sometido en la década de los sesenta del siglo pasado. La escalinata, por su parte, fue construida mayoritariamente entre finales del siglo XIX y principios del XX.
Una de las joyas que podemos encontrar en el interior del oratorio es un grupo escultórico que representa a Jesucristo, con la Virgen a sus pie, atribuido al siglo XIV y que, según la tradición, fue encontrado por unos pescadores en cerca de la Cala de Sant Vicenç, núcleo también del municipio de Pollença.
Pero este lugar está también íntimamente ligado al paso por Mallorca de los Caballeros Templarios, que fueron los primeros propietarios de esta colina tras recibir un amplio territorio en el norte de Mallorca como reconocimiento a la ayuda prestada al rey Jaime I de Aragón por la Conquista de Mallorca en 1229.
Los templarios se establecieron en esta zona como verdaderos señores feudales, con gran autonomía respecto a la autoridad diocesana o los propios monarcas. Así, no sólo cobraban tributos a las personas que habitaban en su territorio y contaban con un templo propio —la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles que también podéis visitar en Pollença—, sino que llegaban a administrar justicia en lugares como el Calvario, donde colocaron una horca que se podía ver desde todo el municipio. De hecho, el primer nombre que se dio a esta montaña fue el de Puig de les Forques.
Al tiempo que los Templarios aumentaban su poder local, Pollença empezó a crecer ya tomar forma de villa. De hecho, terminó el siglo XIII como una de las localidades más importantes de la isla. Mallorca. Pero con el crecimiento de la villa aumentó también el enfrentamiento del pueblo con los Templarios, a los que acusaban de excederse en los poderes que les fueron concedidos por Jaime I.
La presencia de los Templarios en Mallorca acabó con la desaparición de la Orden por imposición papal en 1312, de modo que los bienes y privilegios que gozaban en Pollença pasaron a manos de la Orden de los Hospitalarios, conocida posteriormente como la Orden de Malta. |