La capilla del Calvario de Pollença, conocida como Ermita del Calvari , se alza en la cima del monte que domina la población y constituye uno de los lugares más emblemáticos y espirituales del norte de Mallorca. Para llegar hasta ella es necesario ascender la célebre escalinata de 365 peldaños , símbolo del recorrido de un año completo y uno de los paseos más representativos de la isla. La subida, flanqueada por cipreses y antiguas casas de piedra, forma parte de una tradición de peregrinación que culmina en un espacio de gran serenidad y belleza.
La primera capilla existente en este lugar fue levantada en el siglo XVIII, aunque el edificio actual fue inaugurado en 1799 . Su arquitectura responde a la sencillez característica de las ermitas mallorquinas: un edificio de reducidas dimensiones, líneas sobrias y escasa ornamentación, concebido para favorecer el recogimiento y la oración más que el esplendor decorativo.
La fachada presenta un diseño equilibrado, construido con piedra y muros encalados, coronado por una sencilla espadaña donde se sitúa la campana que durante generaciones ha anunciado las celebraciones religiosas. La portada de acceso, de gran austeridad, refleja la influencia de la arquitectura popular mediterránea, en la que predominan la funcionalidad y la armonía con el entorno natural.
El interior consta de una única nave de reducidas proporciones, iluminada por una luz tenue que crea un ambiente íntimo y silencioso. El altar preside el espacio con una imagen del Cristo del Calvario, centro de la devoción de los habitantes de Pollença. La decoración es discreta, con paredes blancas y escasos elementos ornamentales, permitiendo que la espiritualidad del lugar nazca de la sencillez arquitectónica y del paisaje que la rodea.
El Calvario posee una profunda importancia religiosa para la población. Cada Viernes Santo tiene lugar la tradicional Procesión del Davallament , una de las manifestaciones religiosas más sobrecogedoras de Mallorca. Al anochecer, la imagen de Cristo es descendida en absoluto silencio por los 365 escalones hasta la iglesia parroquial, mientras únicamente resuenan los cantos litúrgicos y el redoble de los tambores. Esta ceremonia, mantenida durante siglos, constituye uno de los acontecimientos más emotivos de la Semana Santa mallorquina. |