El Museo de Pollença nació oficialmente en 1975. En sus salas mostraba las obras ganadoras de aquel Salón y un conjunto de retablos góticos. Con el tiempo, la colección de pintura ha aumentado y el fondo se ha enriquecido con piezas de carácter arqueológico, un mandala budista y la colección Atilio Boveri.
El espíritu que se había ido formando en Pollença con la venida de un gran número de artistas durante el primer tercio del s. XX, junto con cierta inquietud que había dejado su estancia entre la población, hará de Pollença un pueblo sensible y abierto a todas las manifestaciones artísticas. Fue así como se constituyó un certamen de pintura que en 1962 tuvo su primera edición con el nombre de Salón Estival. Desde entonces este Certamen se ha ido consolidando y adaptando a los nuevos tiempos ya las nuevas inquietudes y ha pasado a denominarse Certamen Internacional de Artes Plásticas, con el propósito de apoyar y acoger todos los nuevos lenguajes y manifestaciones artísticas dan en el arte contemporáneo, porque las circunstancias del mundo artístico no son las mismas hoy que en el momento de su creación.
Durante todos estos años se ha ido formando esta colección de arte contemporáneo de Pollença, primero a través del premio Pollença que se otorgaba al ganador de este certamen, y actualmente sustituido por la fórmula de adquisiciones. Ésta es una colección heterogénea fruto de los criterios de los diferentes jurados de cada edición. Esta colección se incrementa anualmente con nuevas adquisiciones.
El museo tiene unas salas dedicadas al arte gótico fue el estilo de la Corona de Aragón de la que Mallorca formó parte. El gótico coincidió con un período esplendoroso de la historia de Mallorca, cuando ésta era el punto neurálgico del comercio internacional del Mediterráneo occidental. Por eso las obras de que disponemos son de una notable calidad.
Este conjunto de retablos proviene de diferentes iglesias pollencinas: el Roser Vell, la Iglesia Parroquial y la Iglesia del Puig de Maria . De la capilla del Roser Vell son los retablos de San Bernardino, de San Nicolás, y la Deposición del Señor, pagados por la Universidad de Pollença (hoy Ayuntamiento).
Distinguir entre los retablos que pertenecieron a la Iglesia Parroquial y al Puig de Maria es un trabajo difícil porque todos los retablos han sido desplazados a lo largo de la historia. A finales del siglo XIX el arte medieval fue reivindicado y algunas obras fueron restauradas. Debemos suponer que en estas obras de restauración se condicionó la iglesia del Puig y los retablos de la Iglesia Parroquial fueron trasladados allí.
Si nos basamos en algunos documentos, los retablos del Puig fueron desmontados y trasladados a Palma durante el siglo XVI, alrededor de 1591, cuando el monasterio fue cerrado. Pero, por otra parte, también hay noticias de que en 1591 los retablos continuaban todavía en el Puig. Actualmente, algunas obras se conservan en Palma, concretamente en el convento de la Concepción.
Años después, en los sesenta, tres retablos fueron restaurados y expuestos en la Lonja de Palma durante años, hasta que regresaron al Convento de Sant Domingo de Pollença.
Atilio Boveri profundizó en múltiples técnicas artísticas, en diversos campos de la cultura, desarrollando en todas ellas una intensa y notable actividad. Pensar que Boveri sólo fue un pintor es quedarse a las puertas de su personalidad. Hizo cerámica, cortó madera, grabó vidrio, construyó muebles, se dedicó a la enseñanza, diseñó casas y jardines, creó decoraciones murales, escribió y publicó numerosos artículos y creó entidades con fines sociales.
Durante su estancia en Mallorca (1912-15) pintó un buen número de óleos y efectuó dibujos y apuntes. Los jardines de Raixa, el Castillo del Rey, Cala Bóquer, torrente de Pareis, Molino de Can Jura, estrecho de Ternelles, las casas de la huerta pollencina, el Calvario, las calles de Pollença, olivos, higueras, almendros... aparecen en sus óleos y dibujos. La luz y el color serán sus protagonistas. En esta época se manifestarán los rasgos que le caracterizarán a lo largo de su vida: amor a la naturaleza, perfección técnica, utilización de técnicas diversas y la investigación para conseguir una utilidad práctica en el ámbito social para sus conocimientos.
Boveri fue precursor, en La Plata, del grabado en madera. En 1927 editó el álbum el Castell del Rei, otros motivos de Pollença. También trabajó el vidrio, realizó murales que eran, en realidad, grandes vidrieras grabadas con soplete de arena o con ácidos. La primera obra importante realizada en Argentina con esta técnica fueron las vidrieras que Boveri hizo para el edificio de los Ferrocarriles del Estado.
Desde siempre Boveri mostró un notable interés por la construcción de muebles. A mediados de 1918 realizó los muebles para la biblioteca de la residencia del diputado Horacio B. Oyhanarte. Como en otras tantas ocasiones Boveri mezcló mitología y religión americanas; estilísticamente las figuras y composiciones mezclan rasgos mayas con rasgos de los antiguos asirios y mesopotámicos.
Como director de Paseos y Jardines de La Plata proyectó la transformación en jardín clásico del Parc Saavedra. Su segundo gran proyecto urbanístico fue el Gran Jardín Científico. Este proyecto consistía en potenciar las selvas de esta zona mediante los hechos, los hombres y las características naturales del sitio. Tanto un proyecto como otro se estructuraba en tres áreas: la histórica, la científica y la artística.
Las obras de restauración llevadas a cabo en 1985 en este edificio, dieron lugar al descubrimiento -a las dos vueltas que hay en el ángulo de acceso principal al claustro- de las piezas aquí expuestas. Las ollas se encontraron en los cuatro ángulos de cada una de las bóvedas, parece que su función era la de economizar energías y material en el proceso de construcción. Se trata de unas ollas de barro cocido, muy ligeras, las cuales -debido a su fragmentación- pasaron de tener una función doméstica a una función constructiva. Se desconoce su taller de elaboración, pero es muy probable que la gran mayoría proceda de un mismo centro de producción. En cuanto a la cronología, ésta nos viene dada por la del mismo edificio, que fue empezado a finales del siglo xvi y terminado durante el siglo siguiente. Aunque sean ollas de época moderna, sus formas cerámicas son herencia de las medievales, y muestran una clara similitud con las de tipo árabe. Así tenemos las ollas de tipología globular, que parecen perdurar durante toda la edad media, y que son de dimensiones pequeñas. Las ollas de cuello plano son una evolución de las árabes, pero éstas presentan unas rendijas en la parte superior del borde, que probablemente servían para encajar la tapadera. Por lo que respecta a las piezas de cuello alzado, son características de la época moderna.
El mandala es una figura geométrica de desarrollo concéntrico y forma simétrica en la que todo equidista y se subordina respecto a un punto axial. Utilizada por su significación mística y simbólica tanto en la edificación arquitectónica como en las producciones plásticas budistas.
Simboliza todo el universo, explica su aparición, su existencia y su desaparición. En todos los mandalas la manifestación principal se encuentra en el centro; su objetivo es servir de instrumento de contemplación y concentración, y sus elementos básicos son figuras geométricas contrapuestas y concéntricas. El círculo exterior tiene siempre una función unificadora.
Este mandala fue regalado al pueblo de Pollença por su Santidad el Dalai Lama en 1990 con motivo de la visita que hizo para clausurar la exposición de Arte Budista Tibetano que se realizó en la Iglesia del Convento De entre los mandalas, el de Kalachakra -también llamado rueda del tiempo- es uno de los más complicados. En su creación interviene el Dalai Lama, como figura máxima del budismo; él es el encargado de poner los primeros granos de arena: rojos, blancos y negros en el centro, en representación del cuerpo, el habla y la mente de Buda; después los monjes siguen colocando la arena. Para memorizar los cientos de símbolos representados en el mandala de Kalachakra y aprender a colocar la arena se necesitan al menos dos años de intenso estudio; siempre se comienza por el centro. Se utilizan dos tipos de herramientas: el chakpu para los detalles y la shinga, de madera, para colocar la arena y corregir los errores. Una vez terminado, y cuando ya ha servido como ceremonia de iniciación al Tantra (enseñanzas budistas), es destruido por el Dalai-Lama como parte de un ritual y la arena es echada al agua (el lago o el río más cercano, el mar...).
El mandala de Kalachakra muestra un total de 722 deidades y el palacio en el que habitan. Las cuatro caras de la deidad llamada Kalachakra representan las cuatro áreas cuadradas de distintos colores, que se refieren a los cuatro puntos cardinales. El palacio en el que viven las deidades es el cuadrado más grande del interior del círculo. Este edificio tiene cinco niveles, cada uno de ellos es un cuadrado con cuatro muros; en mitad de cada muro hay una entrada. Por orden, desde el exterior hacia el interior encontramos: el primer nivel que es el del cuerpo, el segundo que es el del habla, el tercero el de la mente y el cuarto el de la sabiduría. Después de este nivel encontramos lo que hace referencia a la felicidad. Aquí dentro está representada la flor de loto con ocho pétalos, en cuyo centro se encuentra Kalachakra con la diosa Vishavamata. Es la unión de la sabiduría y la compasión. En el mandala hay muchos más símbolos; los doce animales que llevan flores de loto están asociados a los doce meses del año; las bandas circulares que rodean el cuadrado representan los cuatro elementos: la banda amarilla representa la tierra, la blanca -con ondas- el agua, la roja el fuego y la gris el viento. La más exterior representa el espacio y la conciencia.
Este mandala fue regalado al pueblo de Pollença por su Santidad el Dalai Lama en 1990 con motivo de la visita que hizo para clausurar la exposición de Arte Budista Tibetano que se realizó en la Iglesia del Convento. Es el segundo que se realizó, el primero fue destruido como viene siendo habitual.
En la planta baja del actual museo está el gran claustro de Santo Domingo, tiene cuatro galerías sin mucho ornamento, de estilo barroco, cuya construcción finalizó en 1616 y que es muy conocido no sólo por la belleza de sus cuatro corredores porticados, sino por fue desde 1962 la sede del Festival de Música de Pollença. En este encuentro anual, que se desarrolla durante el verano, participan las mejores orquestas, coros y cantantes de ópera del mundo, que disfrutan no sólo de un bello escenario, sino también de la excelente acústica que ofrece este claustro. |