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MUSEO DE LA ESTACIÓN DE FERROCARRIL DE SÓLLER DE MALLORCA (ESPAÑA)

 
Directorio:

Museo de la estación de ferrocarril de Sóller en la isla de Mallorca (Baleares)

   
 

Las salas Miró y Picasso Ceràmiques, de la Fundació Tren de l'Art, se encuentran en Can Mayol, el casal que alberga la Estación del Ferrocarril de Sóller. Dos exposiciones permanentes con obras originales de los geniales artistas que pueden visitarse gratuitamente.

Es conocida la amistad que existió entre los dos pintores, la cual nació en París en 1920 en una visita de Miró a Picasso. La historia cuenta que en este primer encuentro el catalán obsequió al malagueño con una ensaimada mallorquina.

En la sala Picasso la muestra se centra en su trabajo en cerámica. Presenta 50 obras que representan temáticas habituales del artista: escenas mitológicas, naturalezas femeninas y sus clásicas tauromaquias.

La relación familiar de Joan Miró con Sóller -su abuelo materno era nacido en esta ciudad- motivó que los nietos del pintor decidieron ceder las obras expuestas en la Sala Miró como homenaje a su origen solleric. La exposición está compuesta por 35 grabados pertenecientes a las series: “Gaudí”(1979) y «Lapidari» (1971).

A principios del siglo XX Joan Miró venía a menudo a Sóller con su madre Dolors Ferrà. Cuando venían a nuestra ciudad habitaban en la casa número ocho de la calle de la Creu, una tranquila región de la parte alta de la ciudad, entre las calles de Pau Noguera y del Sol, que pertenecía a Andreu Coll Ferrà, primo de la madre de Joan Miró. En esta misma casa tuvo su carpintería el gran ebanista Joan Ferrà Santandreu, casado con Josepa Oromí, que eran los padrinos maternos de Joan Miró. La casa de al lado era propiedad de Joan Coll Ferrà, hermano de Andreu; ambos habían heredado los correspondientes inmuebles de su madre Catalina Ferrà Santandreu. Esta mujer era hermana del padrino de Joan Miró.

Es de suponer que la familia Ferrà habían sido ebanistas a lo largo de varias generaciones. Aunque, como hemos dicho, su carpintería estaba en Sóller, tenían tienda en Palma, en la calle Ses Minyones número 11. Se sabe que tenían un carro y dos caballos y el carretero lo conocían como maestro Mateu. Según Lluís Juncosa, Josepa Oromí le tenía prohibido pegar a los caballos.

Llucia Brunet, sollerica que actualmente tiene noventa y un años que vivió a lo largo de 50 años en la casa número 6 de la calle de la Creu, por tanto vecina de los Ferrà, recuerda cómo su tía, Antonina Frontera, de Can Garbulla, le explicaba que en la barriada se comentaba a veces “ahora viene la catalana con su hijo”. Se ve que llamaba la atención porque el niño hablaba un catalán muy diferente al solleric y vestía como un niño de ciudad, de una forma a la que no estaban acostumbrados los chicos de Sóller.

Joan Miró era hijo de Miquel Miró Adzerias y de Dolors Ferrà Oromí, que tenían una joyería en Barcelona, en el pasaje del Crèdit. Justo al lado estaba Calzados Oromí. Se da la circunstancia de que cuando el pintor se casó, el 12 de octubre de 1929, lo hizo con Pilar Juncosa Iglesias que era hija de Lambert Juncosa Masip y de Enriqueta Iglesias Oromí. Las madres del matrimonio eran por tanto primas. Es de suponer que la amistad con la familia Juncosa debió empezar con que ellos también eran ebanistas y además eran parientes.

Volviendo a las estancias solleriques del genial artista, fue por tanto, por la barriada mencionada de la calle de la Creu, donde Joan Miró empezó a conocer Mallorca. Cuentan que cuando Miró y su primo soller se entretenían dibujando, su tía le decía a Juan: “Mira cómo dibuja tu primo porque tú sólo haces huevos fritos.” Hay que recordar que el artista empezó a realizar dibujos figurativos desde muy joven. Se conservan dibujos de Joan Miró cuando tenía ocho años y es de suponer que alguno de ellos reflejaría Sóller o se habría elaborado aquí debido a sus numerosas estancias en nuestra ciudad. A veces, cuando todavía era un niño y venía hacia Mallorca, viajaba solo desde Barcelona bajo el control de una camarera y cuando se acercaban al puerto de Palma el capitán le dejaba subir al puente. En otras ocasiones hacía el viaje acompañado de su madre.

   
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