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CARTUJA DE VALDEMOSSA EN MALLORCA (ESPAÑA)

 
Directorio:

Cartuja de Valdemossa en Mallorca (Baleares)

   
 

Cartuja (GPS N39.7095174 E2.6213606), situada Plaça Cartoixa, 11I, 07170 Valldemossa. Horario de 10 a 17,00 horas, dónde tenemos que sacar una pulsera 12,50 euros que nos permite acceder a todos los monumentos.

Nos informan que las 11,30 horas hay un concierto de Chopin en el auditorio o teatro de la Cartuja. Lugar excepcional para escuchar varios temas al piano del compositor. Os pondré unos fragmentos.

Dentro de la sala de conciertos podemos ver el lienzo sobre sus paredes “ Donación del Palacio por Martín el Humano a los Cartujos ”,obra del pintor Ricardo Anckermann (1842-1907), realizada en óleo sobre lienzo.

El pintor es un artista de pincelada fácil, de obra inmensa y emparentada con los genios. Su estilo se mueve entre dos corrientes adversas: la tradicional del academicismo romano, y el empuje romántico del arte francés iniciado por Delacroix. En cuanto al personaje representado, hay que decir que Llull (1232-1316) es una de las figuras capitales dentro de la cultura mallorquina.

Lo primero que vemos es el palacio del rey Sancho. Jaime II, primer monarca del reino privativo de Mallorca, hizo construir este edificio en el año 1309 como residencia para que su hijo Sancho encontrara alivio a su mal de asma. Se cree que lo hizo construir sobre un viejo alcázar de un valí moro: Mussa, del que provendría el nombre de Valldemossa.

Jaime II de Mallorca ordenaría erigir el edificio en Valldemossa para alojar su hijo, Sancho I, que padecía de asma. La temperatura y el grado de humedad de la zona redujeron los síntomas de su enfermedad.

Diferentes miembros de aquella realeza mallorquina compartieron su pasión por la caza: la ubicación del palacio era perfecta al poder llevar a cabo esta práctica en lugares como la Moleta de Pastorix, na Torta, el Puig des Boixos o la misma falda del Teix.

El 1394, el Palau se convertiría durante un breve periodo de tiempo en la residencia de Juan I de Aragón. Llegó junto con su familia y su corte, incluyendo poetas, bufones y trovadores, huyendo de la peste que azotaba Europa.

En el año 1399, el rey Martín I de Aragón, llamado “el Humano”, cedió todas las posesiones reales de Valldemossa a los frailes cartujos. Estos fundaron la Cartuja y transformaron la plaza de armas en claustro y cementerio, los cinco salones que había en celdas, la prisión en refectorio, la despensa, en sacristía y la cocina, en iglesia.

En el 1835 pasó a manos privadas por la desamortización de Mendizábal, la cual consistía en poner en el mercado, mediante subasta pública, las tierras y bienes no productivos de la iglesia o de las órdenes religiosas, con el fin de aumentar la riqueza nacional y crear una burguesía y clase media de labradores propietarios.

A partir del siglo XIX el llamado Palacio del Rey Sancho ha tenido dos propietarios que han marcado su historia más reciente, por un lado, la familia Sureda quien ejerció labores de mecenazgo invitando a artistas como Santiago Russinyol, Unamuno, Rubén Darío, Azorín y muchos más y por otro, la familia Bauzá de Mirabó, actual propietaria, a quien se le debe la recuperación de todo el edificio y su configuración actual recuperando todo su esplendor.

Cabe reseñar en esta última etapa el impulso que durante casi 4 décadas se dio a los bailes folclóricos mallorquines destacando entre otros el famoso “Parado de Valldemossa “

Una torre albergaba la cámara del monarca; al oeste, se situaban las habitaciones privadas de la reina. La cocina y los almacenes se encontraban en la zona sur, mientras que la parte más oriental aglutinaba los alojamientos para altas personalidades de la corte, el cuartel o la capilla.

Como medida preventiva, el Palacio del Rey Sancho contaba con un calabozo en su parte este que, posteriormente, con la llegada de los monjes cartujos, se convertiría en un refectorio.

El Palacio salto a la fama en el siglo XX porque aquí se alojó Rubén Dario, máximo representante del modernismo literario en lengua española, fue invitado por la familia Sureda, propietaria del palacio. Le impresionó su carácter monacal e incluso se retrató con un hábito cartujo. Darío volvió a la Cartuja en el año 1913 y durante esta segunda estancia escribió la novela El oro de Mallorca y compuso el poema La Cartuja.

Subimos hasta la cima de la torre de homenaje, son 55 escalones por una estrecha escalera de caracol. En la parte alta podemos ver unas panorámicas difíciles de describir por la hermosura y la belleza tan particular que durante siglos han atraído a personajes ilustres.

En 1553 Valldemossa sufrió un ataque de piratas berberiscos. Los cartujos edificaron esta torre junto a la entrada del Monasterio para protegerse. Acabada en 1563 sigue los modelos de la época en su configuración exterior con matacanes, en su ventana renacentista y en la escalera de caracol.

Los esgrafiados de sus muros, trazados en el s XVIII, cuentan la historia del cenobio e incluyen la figura de un soldado con la inscripción CARTUXA.

Entre otras funciones además de la de defensa, destaca el haber servido de prisión al ilustrado Gaspar M. de Jovellanos quien decidió unirse a la rutina de los Cartujos y ganarse así su confianza antes de ser trasladado al Castillo de Bellver

A la Cartuja se accede por un inmenso claustro por donde se situaban las celas de los cartujos y las que cedían a los visitantes.

Una de las dependencias de mayor interés es la botica o farmacia. Como curiosidad, dentro del catálogo de drogas naturales y medicamentos encontrados en esta farmacia, se ha descubierto una singular receta llamada 'Triaca magna'. Se trata de un preparado polifármaco de origen vegetal, mineral o animal, cuyos principales componentes son el opio y la carne de víbora. Se usó desde el siglo III a. C.. originalmente como antídoto contra los venenos, los mordiscos de animales, y como panacea universal durante mucho tiempo.

Una gran portada de acceso a la iglesia, era el principal edificio y centro espiritual del monasterio. Era el lugar donde acudían los monjes para realizar la oración litúrgica, es decir, el rezo oficial y público.

Llegamos a la celda número 4. Dónde se expone la segunda colección más importante del mundo de documentos y objetos relativos a la vida y a la obra del compositor polaco Frédéric Chopin y de la escritora francesa George Sand. La pareja sin duda la más famosa del París de la época, llegó a Mallorca en el invierno de 1838-1839, buscando mejoría para su tuberculosis. La habitación acoge el Museo Chopin, donde podréis conocer detalles de aquella aventura como que, pese a que estuvieron sólo tres meses, fueron bastante fructíferos: él compuso aquí sus Preludios Op. 28, y ella escribió Un invierno en Mallorca,. El paisaje los maravilló y el hecho de vivir dentro de una inmensa cartuja vacía.

Ellos no fueron, sin embargo, las únicas personalidades que pasaron un tiempo aquí. También lo hizo, desterrado por Godoy en 1801, el político Gaspar Melchor de Jovellanos, quien recibió de los monjes un trato más de huésped ilustre que de prisionero (por lo que sería trasladado al más duro castillo de Bellver). Ya en el siglo XX, cuando la Cartuja estaba en manos privadas, también se alojarían aquí escritores como Jorge Luis Borges y Santiago Rusiñol.

Otras celdas están decoradas con el museo municipal, la galería pictórica, la imprenta, y en especial la celda de Joan Miró, dónde se exponen una importante colección de carcelería que les encargaban los sitios oficiales para distintas compañas.

En una zona del claustro se muestran los fondos de pinturas de la Cartuja, entre los importantes “Tiempo de vendimia”, obra del pintor Joan Fuster Bonnin (1870-1943), realizada en óleo sobre lienzo, está datada en 1899. Medidas 175 x 220 cm.

La obra muestra una plácida escena cotidiana. En ella se ve a un grupo de vendimiadoras vestidas con indumentarias populares mallorquinas en un momento de descanso después de la cosecha, saboreando los frutos que han conseguido durante la jornada.

La pintura, realizada aún en época de juventud de Joan Fuster antes de cumplir la treintena, presenta una composición muy típica de este periodo. La figura, sobre todo la femenina, es la protagonista de la producción de Fuster en esta época.

Por otra parte, el dibujo adquiere un papel vertebrador de la escena. Joan Fuster emplea una paleta de tonos claros con la que consigue plasmar una gran luminosidad, transmitiendo al espectador una alegre tranquilidad llena de hedonismo.

En el momento en el que pinta esta obra, Joan Fuster empieza a ser un pintor reconocido que ha tenido la oportunidad de participar en las exposiciones periódicas del Fomento de la Pintura y la Escultura, en la III y la IV Exposición General de Bellas Artes e Industrias Artísticas de Barcelona (1896 y 1898) y en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid (1899).

Otra de las obras importantes “Retrato de na Lereta”, obra del pintor Joan Fuster Bonnin (1870-1943), realizada en óleo sobre lienzo, está datada en 1936. Medidas 54.5 x 50 cm.

El pintor se interesó principalmente por los espacios abiertos, amplios y muy luminosos de la isla de Mallorca. Prestó atención al proceso de renovación artística que se desplegó en la isla de Mallorca y se interesó por todas las innovaciones en donde se puede observar la influencia directa de las Escuelas de Anckerman.

Desde el claustro tiene una puerta abierta para visitar la iglesia era el principal edificio y centro espiritual del monasterio, donde acudían los monjes a realizar la oración litúrgica, es decir, el rezo oficial y público. La liturgia cartujana está basada en la que escribió San Bruno, el fundador de la orden, que se distingue por su sobriedad y simplicidad. La liturgia incluye mucho tiempo de silencio, ningún instrumento musical, pero sí cantos gregorianos.

La actual iglesia de la Cartuja de Valldemossa comenzó a ser edificada en 1751 en el contexto del proyecto de construcción del nuevo monasterio. La antigua Cartuja, fruto de una remodelación del antiguo palacio del Rey Sancho, había quedado demasiado pequeña para la comunidad de monjes que albergaba, y tenía, además, problemas estructurales.

Así, la nueva iglesia, construida bajo las premisas de la arquitectura neoclásica, fue bendecida en 1812. Este nuevo estilo arquitectónico, que surgió como revulsivo contra los postulados barrocos, comenzó a popularizarse a mediados del siglo XVIII. Se caracterizaba por la recuperación de elementos de la antigüedad clásica utilizando formas sencillas, puras, equilibradas, simétricas y proporcionadas.

La nueva iglesia de la Cartuja presenta una planta de cruz latina, bóveda de cañón y cúpula sobre el crucero con tonos blancos y dorados, típicos del movimiento.

La pequeña escalera que hay en el altar mayor conduce al presbiterio de la iglesia. Este espacio era la zona reservada para el clero, generalmente emplazado a un nivel más alto al que ocupaban los fieles, aunque en el caso de este monasterio cartujo las misas no eran abiertas al público.

Los frescos que encontramos en el interior de la iglesia de la Cartuja de Valldemossa son obra del fraile cartujo, pintor y arquitecto Manuel Bayeu (Zaragoza, 1740-1808), cuñado del famosísimo Francisco de Goya.

En las diferentes escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento aparece representado el Nacimiento y la Presentación de la Virgen, los Desposorios, el Tránsito, la Asunción, la Trinidad a la Gloria, diferentes alegorías, las Marías ante el Sepulcro y la cena de Emaús. Son destacables las figuras que se encuentran en las pechinas de la cúpula central, dedicadas a la representación de grandes heroínas del Antiguo Testamento; Judith, Esther, Débora y Jael, cuatro de las denominadas ocho mujeres fuertes de la Biblia.

En cuanto a la técnica, la pintura al fresco es un procedimiento pictórico muy exigente, realizado en paredes y techos con colores disueltos en agua y cal, extendidos sobre una capa de estuco fresco, que exige rapidez de ejecución y gran habilidad al autor.

La sacristía era y sigue siendo el lugar donde se vestían los sacerdotes y donde estaban guardados los ornamentos y otras cosas pertenecientes al culto. Dentro de la sacristía aún se puede observar un indicador de misas de los monjes cartujos. De principios del siglo XIX, enmarcado también dentro del estilo neoclásico, el indicador de misas está construido en madera de nogal con marquetería de naranjo, boj y cerezo. Este mueble servía para indicar, en cada momento, qué monje era el encargado de llevar a cabo la celebración religiosa en el monasterio.

No podemos abandonar la Cartuja sin visitar las celdas dedicadas a Joan Miró. El extenso trabajo y dedicación del pintor al arte gráfico y la obra seriada es fruto de su inquietud por la experimentación, la búsqueda de nuevos caminos creativos y de la voluntad de que sus obras y creaciones llegaran a un mayor número de personas. Abrirse a la obra múltiple resultó el mejor recurso para democratizar su arte.

Los procesos del pochoir, el grabado, la litografía con la impresión de ediciones y carteles de elevada tirada consiguieron este propósito. Al mismo tiempo Miró se interesa y entusiasma con el trabajo de equipo con las personas y artesanos a los que tiene gran aprecio y admiración.

Fruto de su relación y amistad con el círculo de poetas y escritores que conoció en París a través de André Masson hacia 1925, realiza varias ilustraciones en libros de autores como Paul Eluard, J. V. Foix, Tristan Tzara, etc.

Trabaja en equipo con grabadores y litógrafos como Lacourière, el atelier Crommelynck et Doutrou, el grabador Fernand Mourlot en París, el atelier 17 de William Hayter en Nueva York, o el taller 46 de Joan Barbarà, Polígrafa, Arte Adrien Maeght, o Litografías Artísticas de Barcelona con Damià Caus.

El inicio de la obra cartelista de Miró tiene lugar en 1919 cuando crea el proyecto destinado a anunciar la revista literaria l'Instant, que no llegó a imprimirse y con la maqueta del sello Aidez l'Espagne llevado a cabo en 1937 para ayudar a la causa republicana que finalmente fue publicado en el número 4-5 de la revista Cahiers d'art.

Su trabajo y producción más intensa con la técnica litográfica y la creación de carteles se da a partir de la década de los sesenta. Además de la producción de las ediciones numeradas y los carteles de sus propias exposiciones, Miró responde a las solicitudes de colaboración de asociaciones y organismos mostrando su compromiso, el apoyo solidario y desinteresado con varias causas humanísticas, culturales, políticas y sociales de la época, y por iniciativa propia para dar a conocer más ampliamente el trabajo de grandes creadores como Josep Llorenç Artigas, Josep Lluís Sert, Joan Brossa, etc.

En palabras de Rosa Maria Malet y Agustí Alcoberro: “El importante trabajo dentro del mundo del cartelismo de Joan Miró no solo se puede considerar el fruto de la rebeldía de Miró ante los acontecimientos políticos, sociales y culturales que le tocó vivir sino también de la responsabilidad cívica que según él tenía que ser inherente al artista.”.

La generosidad de Joan Miró como en el caso del cartel hecho para la Obra Cultural Balear en Palma en 1978, entre otros, no se limita solo a la realización de una imagen para el cartel, sino que a la vez en el proceso de realización de esta edición se acuerda realizar un número de ejemplares avant la lettre que se pondrán a la venta para pagar la edición y recaudar fondos para la asociación o la causa a la cual se dedica.

En las décadas de los años sesenta y setenta, surgirán miles de estampas numeradas y firmadas y un número incalculable de los más de ciento cincuenta carteles que Joan Miró llevó a cabo.

Esta colección expuesta en el Museo Municipal dentro de la Cartuja de Valldemossa. ”Joan Miró. Compromiso y generosidad universal”, recoge más de 50 carteles, algunas planchas que muestran el proceso para la realización de un cartel, acompañadas de una serie de pruebas avant la lettre dedicadas al litógrafo y colaborador Damià Caus fundador del taller de Litografías Artísticas de Barcelona y que el mismo Miró designó miembro del patronato de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca constituida en 1978.

La muestra contiene una sección documental de la correspondencia de Joan Miró con Bartomeu Lluís Ferrà Juan (Palma, 1893-1946). Pintor, crítico de arte y ensayista mallorquín, continuaron su relación desde que estudiaron juntos en la Academia Galí de Barcelona.

Agrupados en cinco secciones, en la primera encontraremos las obras y carteles que constatan su relación y apoyo con el ámbito artístico y cultural de Mallorca, hechos para sus exposiciones en las galerías Pelaires y 4 Gats, el cartel para el Fomento del Turismo de Mallorca o su exposición retrospectiva de la Llotja en 1978.

En la segunda, los carteles que muestran su compromiso político con su tierra y la reivindicación de su lengua como los carteles del Congreso de Cultura Catalana de 1977, el cartel y avant la lettre de la Obra Cultural Balear, 1978 o el cartel Escritores en Lengua Catalana de 1981.

En la tercera sección, los carteles en apoyo a asociaciones internacionales para Amnistía Internacional de 1976, o las de ámbito cultural y deportivo como el cartel de la primera gira internacional de Merce Cunningham Dance Company y John Cage, la colaboración con el grupo de La Claca, para la obra de Mori el Merma, o el cartel para el F.C. Barcelona.

En la cuarta los carteles realizados generosamente para los acontecimientos compartidos con los poetas, artistas, colaboradores y amigos, como J. V.Foix, Joan Brossa, Josep Llorenç Artigas, Josep Lluís Sert, etc.

Finalmente, toda una sección de carteles de sus propias exposiciones como el cartel “Camí Compartit” (Miró-Maeght), 1975, de la Sala Gaspar de Barcelona y otros de ámbito nacional e internacional.

   
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